Cruzando puentes

Marta avanza esforzándose por llevar el aire a sus pulmones en cada bocanada. El golpe de sus pisadas y el latido contra su cerebro rompen la armonía del susurro de las hojas; sus pasos naranja brillante rompen la monotonía verde y marrón del suelo que pisa.

—Marta, no mires al suelo —le recuerda Lucía, que corre unos pasos por detrás de ella.

Marta gira la cabeza para ver con asombro la sonrisa en el rostro de su amiga, a la vez que siente el suyo congestionado y sudoroso.

—Me quieres matar —suspira, sin detenerse. 

Ahora sus pasos retumban en madera, y ya no hay árboles que las protejan del sol todavía bajo de la mañana. 

—¿Qué tal fue tu reunión de ayer?

—Bien —resopla Marta—, mejor… de lo que … esperaba.

El flequillo se le pega a la frente y se lo aparta de un manotazo. Sus zancadas siguen sonando huecas y por un momento envidia a la pareja que pasa por debajo de ellas en un pequeño yate con banderas ondeantes azules y amarillas.

—¿Conseguiste que aceptaran tu proyecto?

—Uf, sí.

—Sabía que podrías con ello.

—A ver… ahora. —La voz de Marta sigue sonando entrecortada—. A ver qué hago cuando lo acabe. Me he puesto el listón muy alto.

—Bueno, cuando lleguemos a ese puente ya lo cruzaremos —sonríe Lucía. 

Sus pasos vuelven a sentir la firmeza de la tierra. Las copas de los árboles vuelven a protegerlas del sol. Pueden seguir avanzando.

Laura Barranco Navarro

Imagen de Peter H en Pixabay

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