Amanecer

Brisa. Sol. Parpadeé. El rayo de luz era más intenso de lo que mis ojos querían soportar. No acertaba a comprender por qué sentía una corriente de aire, si tenía la costumbre de cerrar la ventana todas las noches. Los sonidos de la calle me llegaban amplificados. Además, olía raro, como a rancio. Parpadeé un par de veces más y obligué a mis pestañas a apuntar al cielo. La brisa se colaba entre los barrotes.

Barrotes.

Se me entrecortó la respiración. Miré a mi alrededor, pero solo veía barrotes. Moví los pies, incómoda, y me entró un picor en el hombro. Extendí el brazo para rascarme y lo descubrí cubierto de plumas. Verdes y amarillas. Descubrí la puerta a la altura de mis ojos. Picoteé con furia. Finalmente cedió.

Desde entonces no he dejado de volar. 

Laura Barranco Navarro

Imagen de Alexas_Fotos en Pixabay

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